Toledo José coronel

Corría el año 1885… y procuran eliminar el poder del coronel José Toledo. Dan para ello un golpe de estado institucional en Corrientes. El objetivo era eliminar del poder militar al coronel Toledo y a su hermano Vicente.

          Ejercía la primera magistratura de Corrientes el doctor Manuel Derqui, a quien lo acompañaba como vicegobernador su correligionario autonomista Joaquín Vedoya. A los dos meses fue designado ministro de gobierno el doctor Juan Ramón Vidal, quien debutaba en un cargo de jerarquía con apenas 23 años de edad.

            El gobierno de Derqui contaba con una figura singular en la persona del Inspector General de Armas el coronel José Toledo. Era realmente lo que hoy denominamos Jefe de Policía de la Provincia. El gobernador y sus colaboradores no tenían una íntima solidaridad con el Jefe de la Seguridad de Corrientes, y al decir del doctor Derqui «Toledo era un mal necesario» dado su modalidad operativa, sobretodo, en lo que hacía al trato con la oposición.

            El 2 de junio de 1885, estando el gobernador Derqui en Buenos Aires al igual que el coronel José Toledo, funcionarios de segunda línea del gobierno provincial, liderados por Juan Ramón Vidal, aprovecharon el momento e intentaron derrocar al segundo jefe de Armas Vicente Toledo. Este era hermano del titular y en esas circunstancias sus subalternos lo rescataron de los funcionarios golpistas, quienes de alguna manera querían quedarse con el poder militar de la provincia, dado que la forma de ejercer la seguridad, por parte de los Toledo, no brindaba tranquilidad ni a opositores ni a gobernantes.

            Vicente Toledo denunció ante el vicegobernador Joaquín Vedoya al grupo captor, al que calificó de faccioso y entre ambos restablecieron el orden. Al volver Vicente Toledo de la Capital Federal, retomó el mando de la fuerza en la provincia y desde la jefatura militar de Corrientes sumó a un conjunto de presos, levantándose contra el orden constituido y exigiendo, el 2 de julio, la renuncia del gobernador Manuel Derqui.

            Al día siguiente el Presidente Roca recibió desde el Chaco una comunicación telegráfica de Derqui, por intermedio de un emisario, ya que el gobernador y el vice permanecían presos en la Legislatura. El día 11 renuncian Derqui y Vedoya presionados por la circunstancia y al quedar ambos en libertad enviaron al Congreso de la Nación un pedido de intervención federal, el que no se trató debido a que el presidente Roca hizo uso de una Ley sancionada con anterioridad, y el 13 de julio de ese año 1885 decreta la 7a. Intervención Federal a Corrientes.

            El interventor, general Juan Ayala, cumpliendo instrucciones presidenciales, llegó a Corrientes el 19 de julio con 1.000 hombres, fusiles, ametralladoras y barcos. Sofocó la sublevación y restituyó en el cargo de gobernador a Manuel Derqui. Mientras esto sucedía, el coronel Toledo abandonaba la provincia trasladándose al Paraguay.

            Cuando el doctor Derqui viajó a Buenos Aires, fue el mismo presidente Roca quien citó al coronel José Toledo para mantener una conversación con el propósito de encauzar su ímpetu policíaco en el contexto institucional y republicano. Tanto es así, que cuando Toledo regresó a Corrientes, lo hizo con anuencia del general Roca.

            Luego de alejarse el coronel Toledo al Paraguay, el cuerpo de veteranos que estaba a sus órdenes fue disuelto, pero no por eso el gobierno ganó en fuerzas; el malestar fue notorio aún en las filas del oficialismo.

            El general Roca tuvo una muestra palpable de la solvencia moral de Toledo, cuando el gobernador de Buenos Aires Dardo Rocha, quien aspiraba a la Presidencia de la Nación,  para ganarse los electores de Corrientes y sabiendo de la gravitación del Jefe de Policía, le había enviado una tarjeta solicitándole colaboración, y dentro de la misiva un cheque contra el Banco de la Provincia con la cantidad en blanco. Toledo agradeció al doctor Rocha sus saludos, explicó su posición política y devolvió el cheque. Esto fue conocido por Roca, quien bregaba por consagrar a su cuñado Juárez Celman en la presidencia, y pidió estrechar la mano del Jefe de Policía correntino. El presidente le obsequió un bastón de ballena y en la tarjeta decía “A la más valiente espada de la Provincia de Corrientes”.

Era hijo del coronel José Toledo, de su mismo nombre, quien actuó en el Ejército Grande que derrotó a Rosas en 1852. Su hijo Toledo el Bravo, hizo su personalidad conquistando el respeto y la admiración de la masa popular.

En una oportunidad fue perseguido y durante meses vivió en un panteón del Cementerio de la Cruz, donde sus familiares le enviaban la vianda.

Se casó con doña Manuela Sosa, hija de don Pedro Díaz Colodrero. Si el valor de Toledo el Bravo era indiscutido, más firme era la confianza que despertaba su promesa.

El coraje demostrado en la batalla de Ifrán el 19 de febrero de 1882, le fue reconocido por la Legislatura quien lo premió con el grado de Coronel. Siempre tuvo su cuartel y  oficinas en La Batería (hoy parque Mitre).