Tedesqui Nicolás 

Corría el año 1842… y muere Nicolás M. Tedesqui en la batalla de Arroya Grande. Cuando el contraste era inevitable, se apeó de su caballo y se quedó en el campo para morir junto a sus compañeros indefensos.

            De este nombre poco o nada conocido, de la historia correntina, ha dicho Manuel Florencio Mantilla: “Nicolás M. Tedesqui no alcanzó la celebridad del talento, ni se ciñó la corona del guerrero vencedor en lucha extraordinaria. Valiente soldado y abnegado patriota, habría pasado desapercibido en la historia, como tantos otros, si con una muerte heroica no hubiese sellado su vida de sacrificios, dejando una gloria y un ejemplo al patriotismo”.

            Era oficial carpintero, en la ciudad de Corrientes y tras los acontecimientos de octubre de 1839 cuando Ferré vuelve al poder tras el desastre de Pago Largo y posterior gobierno del rosista José Antonio Romero, Tedesqui se alista en el ejercito que Juan Lavalle organiza en Curuzú Cuatiá. Se incorporó como subteniente en el único batallón de infantería que se formó y estaba bajo las órdenes del coronel Pedro José Díaz.

Iniciaron la marcha libertadora con gran entusiasmo y valentía, de los que hicieron derroche, entonando la canción guerrera que habían adoptado, el himno “A la lid” atribuido al poeta uruguayo Francisco Acuña de Figueroa.

            Libra el 18 de marzo su primer combate contra las fuerzas de Pascual Echagüe, en las alturas que dominan el arroyo don Cristóbal, cerca del Diamante, Entre Ríos, se enfrentan el 10 de abril los ejércitos de Echagüe y Lavalle. El choque dejó un saldo netamente favorable para el Libertador pues la caballería de Echagüe se desorganizó y desbandó, pero Lavalle no supo rematar su obra y dejó escapar la oportunidad de acabar con el ejército enemigo. Entre Paraná y Diamante se topan nuevamente el 16 de julio en un intenso duelo de artillería. La actitud de Lavalle durante esta batalla fue sospechosa y llevó al gobernador de Corrientes Pedro Ferré a afirmar que se dejó vencer para tener un pretexto para cruzar el río Paraná e ir en busca de su principal objetivo: Rosas en Buenos Aires.

            Finalmente embarcó Lavalle sus tropas el 29 de julio en la escuadra francesa que estaba a las órdenes del comandante Penaud y zarpó río Paraná al sur, iba en busca de Rosas a su propio bastión, Buenos Aires. Allí continuaba junto a quien fuera la primer espada de San Martín en su campaña libertadora, el denominado héroe de Riobamba.

            En Arrecifes, el 14 de agosto de 1840, Juan Lavalle abrió su ejército en dos columnas, una al mando del coronel Vilela que avanza hacia Carmen de Areco y la otra a sus propias órdenes dirigiéndose hacia San Antonio de Areco. Lavalle entra en Luján el 29 de agosto y el 3 de septiembre está en Merlo, pero sin disparar un tiro el 6 de septiembre levantó el campamento la historia no alcanzó nunca a desentrañar el “misterio” de ¿por qué – si Lavalle lo tenía a Rosas a su merced – ¿no lo atacó?

            Lavalle retornó sobre sus pasos, alcanzando Luján el día 8 y dos días mas tarde Arrecifes. Desde la Cañada de Giles, el 9 de septiembre, escribe una carta a Montevideo dirigida a su mujer Dolores Correa, contándole las vicisitudes de su marcha.

Tras tomar Santa Fe, siempre acompañado por Bartolomé Ramírez y más de 300 correntinos, Lavalle se dirige a Córdoba y Manuel Oribe lo alcanza en Quebracho Herrado el 28 de noviembre infligiéndoles un desastre. Allí es tomado prisionero Tedesqui y los otros infantes y su jefe el coronel Díaz. Son llevados a Santos Lugares, cuartel rosista, y el gobernador de Buenos Aires los hizo incorporar al ejército de Pascual Echagüe que luchaba contra Corrientes en el Litoral.

En Caá Guazú, el 28 de noviembre de 1848, Tedesqui logró pasarse a las filas del general Paz, como era su anhelo y lo había planeado. El “manco” Paz lo ascendió al grado de sargento mayor y lo llevó a la campaña de Entre Ríos que, terminó en un fracaso.

Tedesqui volvió a su antiguo batallón de Cazadores de la Libertad, y como este había quedado sin jefe, él, como oficial de más alta graduación, fue promovido a comandante y ascendido a teniente coronel.

El 6 de diciembre estuvo en la trágica batalla de Arroyo Grande (E. Rios), donde las fuerzas rosistas comandadas por Oribe arrolló al ejército comandado por el oriental Fructuoso Rivera. Tedesqui como otros pudo haber escapado, pero no lo hizo y como dice Mantilla: “su fanatismo patriótico le hacía exageraar la idea de sus deberes militares, pensando que era indigno de un soldado salir del cmapo de batalla con la vergüenza de una derrota”. Y así relata el historiador sus últimos instantes: “Cuando vio que sus soldados se daban a la fuga, bajó y largó su caballo de guerra, y se incorporó al grupo de combatientes para morir con ellos. Aquél núcleo fue pronto destruido, sin haber tenido él la suerte de recibir un balazo mortal. Entonces, clavando en tierra la empuñadura de su espada, se echó sobre ella y cayó atravesado el corazón con su propia arma, en presencia sus enemigos que le intimaban rendición”. “Víctima ilustre de una tierra de valientes, lo llamó el general Paz.